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No sé si ¿realmente nos estamos dando cuenta de la enorme oportunidad que se abre con la educación en casa debido a la pandemia?

Realmente, y tras 8 meses de vivirlo y reflexionarlo, considero que es una extraordinaria oportunidad de volver a tomar control sobre los contenidos, filosofías, ideologías, creencias y pensamientos que conformarán “el disco duro” de nuestros hijos, especialmente los más pequeños.

Para recordar un poco, veníamos luchando contra algunos Cánceres sociales como: el de la ideología de género, la libertad sexual, la apertura de las drogas y la moda de desacreditarse entre compañeros por diversión o llamado frecuentemente “bullying”. Ante este panorama, los padres de familia estábamos tratando de cerrar la puerta a los “monstruos” que cambian y corrompen la mente, pues en la infancia, la mente es muy frágil y una vez que entra una idea se convierte en semilla, y el peligro está en que la semilla florezca y pueda cambiar todos los valores y la integridad de nuestros hijos.

Sin embargo, gracias a las clases en línea, al distanciamiento social, al cierre de escuelas, tenemos la ENORME oportunidad de influir de nuevo en forma positiva en nuestros hijos y su ideología, siendo nosotros quienes sembremos los valores, hábitos, pensamientos o conductas que deseamos para su formación.

Haciendo un alto, en mi propia queja interna de “¿por que no abren las escuelas?” Y siendo una mamá que trabaja y que no cuenta con las 24 horas del día para dedicar a mis hijos, en especial a Alex que tiene 5 años, hoy doy GRACIAS a Dios porque así veo las cosas ahora:

Veo que mi casa era un hotel donde la vida comenzaba con una alarma a las 5:45 y terminaba con un ya duérmanse a las 10 de la noche.

Veo que más que mamá, era chofer y siempre a las prisas de llevar de un lugar a otro podíamos medio platicar.

Veo que mis hijos comían con prisas para irse a otro lado, y aunque en la misma casa, pocas veces digeríamos la comida y la vida juntos.

Veo que yo no hubiera tenido el control sobre los contenidos y situaciones que llegan a mi hijo de 5 años, en los más tiernos momentos de su vida y su corazón, y que quizás hubieran modificado para siempre su vida con planeamientos como “realmente serás feliz siendo Niño, si nunca has probado ser niña, vístete de niña y a ver qué pasa...” cómo viene en las dinámicas de preescolar propuestas por algunos “filósofos”.

Veo que hoy puedo estudiar derecho junto con mi hijo de 19 años y admirar a sus profesores quienes tienen un nivel de excelencia y cada mañana el comedor se convierte en un centro de información de calidad para a todos informar.

Veo que mi hija de 17 años quien siempre ha sido mi arcoíris en los días nublados y quien me acerca al más profundo amor, ahora convertirse en mujer, mayor de edad, ante mis ojos, cocinar con ella, confiarnos secretos... es que esto ¡no tiene precio!

Veo que tras la pandemia, invite a mi mamá a vivir con nosotros, ahora que tiene la salud para disfrutar de sus nietos y de mi y así ya podremos acompañarnos en lo que Dios disponga será la vida, en lugar de quedarse en su casa sola resolviendo la hora de la comida y la limpieza, ahora vivimos en en familia, para acompañarnos, ayudarnos y gozar.

Veo que mis hijos ahora ven detenidamente mi labor, lo que hago, a lo que me dedico y aprecian más el conjunto y la colectividad que somos como familia.

Veo que yo puedo apreciar y guiar a cada miembro de mi familia con mucho más fuerza que antes, por lo que hoy tras casi 9 meses, puedo decir BENDITA pandemia que me hizo poner los pies en la tierra y reflexionar 💭. Volver al amor, a la unión. A lo importante, pues la vida pasa y nosotros con ella.

Tú ¿qué piensas? Te leo 🙂

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