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Dados los lamentables acontecimientos del 14 de agosto, al sur de la Ciudad de México, donde un grupo de 40 jóvenes de entre 14 y 17 años acosaron, humillaron y grabaron a la joven de 16 años Ainara Suárez, muchas reflexiones se derivan al respecto. El video de la grabación fue subido a redes por una madre de familia quien quiso denunciar los hechos y en unas horas se hizo viral.

La primera reflexión es ¿cómo surge el pleito? Y esto a muchos nos sorprenderá saber que ellas no eran compañeras de clase, ni amigas, ni enemigas, ni rivales de amores… ellas se conocían de fiestas y sólo a la ligera, pero comenzaron a seguirse en la red social Instagram. Ainara, la víctima, publicó fotos sensuales y con desnudos en su perfil, que su agresora consideró inapropiados y a partir de ello comenzó a agredirla por este medio con palabras ofensivas como “zorra” entre muchas otras. Ainara se defendió de los insultos una y otra vez hasta que quedaron de verse para “que se lo dijera en la cara”, según palabras textuales de la víctima.

 

Por supuesto que subir fotos que expongan nuestra esencia, nuestro cuerpo y que den a los demás de qué hablar no es correcto, pero aun así, nadie tiene derecho a agredir a nadie por el hecho reprobar sus conductas. Sin embargo, las redes sociales nos han dotado del “derecho” de juzgar y violentar a quien se nos antoje, por el simple hecho de poder hacerlo a distancia y sin consecuencias.

La segunda parte del problema es cuando quedan de verse en una plaza comercial en donde cada una de las involucradas llegaron acompañadas cada una por una amiga y donde se comenzaron a insultar, por lo que la seguridad del centro comercial les pidió que se fueran. La agresora indicó que fueran a un parque cercano donde 40 jóvenes ya se encontraban reunidos y esperando la pelea que se había anunciado en redes sociales y hasta había encuestas de quien ganaría. El apoyo era hacia la agresora y muchos eran sus amigos. Ainara, la víctima estaba sola con su amiga, pero las redes sociales fueron el medio para difundir y hacer más grave el problema.

El grupo reunido alentó a que comenzaran a pelear, exigiendo que cumplieran lo prometido en redes. Al estar en grupo, se alentaban unos a otros para que pelearan. El primer enfrentamiento se dio sólo entre ellas dos, digamos que muy mal, pero al final era “una a una”. Cuando la víctima se declaró ganadora se fue con su amiga, pero la turba comenzó a aventarles piedras y ramas. Una piedra golpeó su brazo y una rama su cabeza y fue cuando se dio la vuelta y dijo: ¿quién fue? Una persona de la turba reconoció agresivamente haberlo hecho y ahí se comenzaron a pelar mientras cuatro niñas más se le abalanzaron a Ainara y la golpearon.  El resto de los jóvenes grababan, alentaban y gritaban cosas agresivas contra la víctima. Toda una vorágine de violencia como se ve en los vídeos donde es de no creerse que personas “educadas” sean quienes se comporten así, tanto los que golpeaban como los que grababan y apoyaban estos actos de violencia. Sin embargo, hasta la persona más valiosa y pulcra, cuando se queda a presenciar actos violentos se convierte en parte de la TURBA y tiende por imitación a comportarse de igual manera.

De las cosas más lamentables, es el último enfrentamiento cuando Ainara ya se iba con su amiga golpeada, desgreñada y moreteada y fue detenida nuevamente por el grupo, jalándola del pelo y bofeteándola mientras ella estaba tirada en el suelo. Todos los agresores la rodearon y le decían: “pídeme perdón, zorra, tú fuiste la que mandó el pack (fotos desnuda)”.

Toda esta pelea, la forma en que fue incitada y los testigos-cómplices que la alentaron, me hacen pensar que hay un click inconsciente de la mente que justifica nuestra conducta agresiva y violenta cuando nos sentimos en un plano moralmente superiores. Es decir, “como yo no mando fotos de desnudos, te puedo humillar y maltratar por hacerlo”, olvidando que el valor humano es por mucho superior que el valor moral. Así al haber tenido una conducta moralmente inapropiada, los demás se sienten en un nivel superior y en posición de juzgar, como le sucedió a María Magdalena en la Biblia y que Jesucristo dijo: “quien esté libre de pecado que aviente la primera piedra”.   

Considero que el aprendizaje más importante es que no tenemos derecho a agredir ni a violentar a nadie por sus conductas, que si alguien se equivoca podemos apoyarlo, pero nunca denigrarlo, que las reuniones donde se incita la violencia se contagian a los demás, esto se convierte en una turba y hay que evitarlas y que las redes sociales nos pueden facilitar las opiniones y generar comentarios agresivos pero el poder hacerlo, no significa que debamos hacerlo pues puede llegar a situaciones graves como la mencionada en esta historia donde la violencia virtual se convirtió en violencia real.

 

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