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Hoy 10 de enero, 2020, la tragedia escolar nos conmueve una vez más, pues hace unas horas en el Colegio Cervantes de Torreón, un niño de apenas 11 años de edad, disparó contra su maestra María Assaf Medina quien falleció y él posteriormente se suicidó, ambos, descansen en paz y estaré rezando por tres heridos más, derivados de tan lamentable incidente.

Hace tres años, precisamente en enero del 2017, en el Colegio Americano de Monterrey, sucedió un tiroteo por primera vez, y ese hecho, cambió por completo los niveles de violencia en nuestro país, no sólo en las escuelas, sino en la sociedad como conjunto. Recuerdo perfectamente que ese día lloré, lloré mucho, pues después de 10 años dedicada a prevenir el bullying, a prevenir los videojuegos violentos, PREVENIR QUE SE LES DE CELULAR A LOS NIÑOS PEQUEÑOS, de nada habían servido mis esfuerzos, puesto que la puerta, a partir de ese terrible 18 de enero del 2017, ya estaba abierta.

 

La violencia nos está alcanzando a pasos agigantados… nos está alcanzando en el núcleo de la sociedad, en la niñez, en la adolescencia, en las tiernas edades donde la consciencia desdibujada normaliza todo, ahora incluso la muerte.  Hoy la peor arma letal es nuestra mente, nuestra mente que ante la frustración nos puede llevar por caminos sin retorno, como lo sucedido este día, que seguramente es luto nacional.

Testigos dicen que antes de disparar, el niño de 11 años con excelentes calificaciones y que jamás había dado problemas dijo: “Hoy va a ser el día”… ¿Por qué? ¿Qué pasó por su mente? ¿Qué es lo que no alcanzamos a ver? Nadie puede asegurar lo que habrá pasado por la mente o por la vida de estos dos niños. Nadie puede saberlo más que ellos y ahora ambos se han ido. Sin embargo, podemos alcanzar a intuir que lo que era impensable hace treinta años, hoy es una realidad, una realidad fatídica con la que sin remordimiento alguno, miles de niños, le dicen a sus compañeros, padres o maestros “te voy a matar”, como si fuese una frase razonable, y dos de ellos, ya lo hicieron.

Considero que es urgente que saquemos la cabeza del agujero de la comodidad y levantarla hacia la verdad, hacia los hechos que vivimos a nivel social, en nuestros pequeños micro universos, en los que llenamos a nuestros hijos con regalos, más poco es el tiempo que les dedicamos. Hijos que crecen desde su más tierna edad con un celular, video juego o tableta en la mano, que se convierten en la fuente de ideas y refugio del alma, llenándolos con ideas de desprestigio, dolor y muerte, que hoy nos cobra cara la factura.

La inmensa cantidad de veces que se mencionan las palabras “muerte” y “suicidio” han aumentado de forma alarmante, sobre todo a partir de la década del 2010 donde la explosión de las redes sociales y su gran influencia en nuestras vidas, han cambiado por completo las ideas en el pensamiento, en la conducta, en la información e incluso en nuestro corazón. Hoy el arma letal que llevamos es nuestra mente, pues nadie puede atinar a adivinar qué momento podrá crear un corto circuito que nos orille a tomar una decisión así a la ligera. No sabemos qué resistencia pueda tener una persona, ante las constantes frustraciones y así como un gato al que se le patea sin parar, el día menos pensado se puede lanzar con garras y dientes hacia nosotros para cobrar venganza. Así la mente de nuestros niños puede reaccionar y crear en nuestra sociedad un profundo dolor. Descansen en paz.

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