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Karla hizo la fiesta más bonita para sus XV años, sus padres habían ahorrado toda una vida para este día y un año antes comenzaron a preparar todo: el vestido, los bailes, los trajes, los recuerdos, las velas, todo, todo tenía que ser perfecto para este día. Por supuesto que Karla estaba feliz e involucró a cada una de sus amigas en estos ensayos por lo que todos disfrutaron de la planeación del evento.

Lo más importante para los papás de Karla era que este día estarían presentando a su hijita como toda una mujer y por supuesto que estaban ilusionados en verla pronto vivir un noviazgo bonito como cada niña inocente y buena merece. Karla también estaba convencida de que debería tener novio formal y sus primos hasta la amenazaban en tono de broma, que si no era novio bien iban a golpear al “fulano”.

Era hermoso ver a Karla en estos días, emocionada, plena, feliz, ilusionada, soñadora, lindísimo ver a una niña pasando una nueva etapa llena de amor. Queriendo dar, queriendo amar con pureza, sin lastimar ni ser lastimada… Trrrrrrr… ¡Alerta! ¡Peligro! Trrrrrr… así es como debería de ser y así es como las cosas funcionarían mejor, pero actualmente parece que hay una campaña para lastimar “Karlas” y muchos chavos juegan y se burlan de estas ilusiones.

El día de sus XV años Karla subió toda la información del evento a su Facebook y sus amigas ponían comentarios de emoción, apoyo y palabras de cariño a su amiga. “Nos vemos al ratito, ay, estoy nerviosa…”, puso esta linda princesa en su muro antes de irse con su mamá al salón de belleza. Platicaron por horas y todo estuvo a tiempo y bien, su mamá la maquilló un poco y cuando todos vieron a Karla con su hermoso vestido morado se quedaron con la boca abierta.

Muchos chavos y chavas llegaron a la misa y después al salón. Un DJ bastante bueno mezclaba con sus clásicos lentes obscuros, playera desfajada y jeans aguados con un audífono en una de las orejas concentrado en la siguiente canción. El show de bailes fue todo un éxito y la verdad era como ser estrella por un día.

Ya eran las 2 de la mañana cuando Gregorio, un chavo que Karla nunca había visto, se le acercó. Era alto, guapo, flaco y con ese aire de “chico malo” que a toda mujer saca de onda. Karla por su parte, no era muy alta, tenía buen cuerpo y grandes ojos verdes, muy mona la neta (lo malo es que cuando apenas se deja la envoltura de niña para ser chavita a veces ni creen lo bonitas que son). Platicaron, se rieron, él le dijo que le encantaba, bailaron, coquetearon, en fin… lo mejor para de sus XV años fue haberlo conocido.

Quedó de llamarla al día siguiente… nada ¡no llamó! (cuando alguien quiere algo “bien” llama de inmediato, de lo contrario esto le puede quitar seguridad a la chava, para que ceda). Los ánimos bajaron con los días que siguieron y poco a poco Karla dudaba de sí misma y de ser capaz de ligarse a un chavo como Gregorio. Su bully interno le decía: “estas fea”, “¿quién te va a pelar?”, “te la creíste”, “nunca te va a llamar”… Un infierno total hasta que el feliz día sonó el teléfono y era él. La vida le regresó a Karla y cuando le dijo que le invitaba un café ella aceptó de inmediato, aunque tendría que inventarle algo a sus papás para que la dejan salir así nada más, con este desconocido. Lo logró y su mamá la llevó al centro comercial donde se quedaron de ver (cuando un chavo no quiere algo bien crea citas al azar donde cada quien llega). Por supuesto que Gregorio ya estaba ahí esperando feliz de verla llegar a sus brazos sin esfuerzo alguno. Platicaron y platicaron, él a sus 17 años se dio cuenta perfecto que ella estaba a sus pies y que todo lo que él le pidiera, ella le concedería.

- Oye, ¿has tenido novio?, preguntó Gregorio, tomándole la mano.
- No, para nada…, respondió Karla muy nerviosa y apenada, creía que era una propuesta y empezó a temblar de emoción.
- Ah… ¿Y a poco crees en el noviazgo?, dijo burlón.
- Eh, pues, bueno, yo…
- ¿Ves? Eso ya es una tontería, para que atarnos…, dijo interrumpiendo al tiempo en que se le acercaba para darle un beso.

Su primer beso, ese con el que había soñado desde niña, desde que le contaban esos cuentos con esos príncipes y ahora emocionada, nerviosa y confundida besaba a un cuate que lo único que le podía ofrecer era un free. ¿Y para qué un free? Pues para él poder seguir ligando, saliendo y no tener rollos de compromiso y dar explicaciones. Para eso él estaba feliz, pero ella con tal de sentir que este niño la “pelaba”… aceptó.

Cuando Gregorio estaba de humor, la llamaba, se veían, se besaban y más. Cuando salían cada quien pagaba lo suyo. Ni una rosa, ni un detalle, nada, sólo había un sentimiento de ser utilizada que obviamente trataba de disimular con tono “cool” y aunque él le ponía a cualquier niña cosas de ligue en su muro y jamás puso en su status: “en una relación con Karla”, ella no podía reclamar. Se sentía incompleta y vacía.

Lo peor fue cuando Gregorio le pidió que avanzara más la relación y que se fueran solos a casa de él. Karla no sabía que decir, pero por primera vez paso a recogerla y saludó a su mamá, así que asumió que ya serían novios formales. Por supuesto Gregorio ya tenía todo planeado para que tuvieran sexo. Karla de nuevo no sabía que decir, pero creyó que si lo hacía serían “novios”. Así que se entregó en esta primera experiencia, llena de ilusiones y de amor, pero Gregorio tenía otros planes y después de este encuentro no la volvió a llamar y comenzó a salir con una de sus amigas. Karla lo perseguía lo hostigaba, lo buscaba, quería una explicación. Cuando al fin él aceptó verla con cara de burla le dijo por única respuesta: “de qué hablas, tú y yo somos un free y la regla del free es, el que se enamora pierde, ¡ciao!”.

Sueños rotos, corazón roto, sentimiento de ser usada y depresión fue lo que dejó Gregorio en el alma de esta niña cuya inocencia desde ese momento quedó interrumpida y despedazada. Así que ¿el free, te hace free? ¿Tú qué piensas?

¡No te lo pierdas!

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